Mi comadre tiene una panocha bien húmeda y caliente para no dejar de meterle la verga ni un segundo

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La primera noche que me quedo solo con mi comadre estaba muy tímido porque había una tensión sexual que flotaba en el ambiente. Yo no quería decir nada, pero fue ella la que rompió el hielo diciéndome que mi verga tenía que ser bien grande. ¿La quieres ver? le dije, y ella asintió con la cabeza. Cuando vio mi pinga me agarro de la mano y me llevo a la habitación. Sin mediar palabra se tumbó en bragas en la cama y se abrió de piernas para mí, enseñando esa panocha rica para que la penetrara bien duro.

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