La panocha de mi vecina es mi desayuno todos días

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Tengo una vecina con una panocha bien gorda y sabrosa. Todos los días tenemos la costumbre de coger para empezar el día con alegría y con las pilas cargadas. La pendeja me pone su raja en mi cara para que tenga el desayuno que tanto ansío y me la como entera. A ella le gusta que mi lengua toque su clítoris y empieza a botar encima de mi cara. La verga ya la tengo lista para metérsela y ella me la agarra con las manos para dirigirla a su rica y húmeda panocha. Nunca me había apetecido almejas para desayunar, pero la guarra de mi vecina ha hecho que cambie de opinión.

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